

La apuesta
Tres amigos acostumbran reunirse a beber y hacer apuestas, siendo su pasatiempo preferido. Después de que Kike, el más borrachín, plantea una apuesta superflua, uno de los otros propone algo fúnebre: ir al cementerio con un martillo y un clavo y meterlo en la tuma de la hija del tabernero, recientemente fallecida. El silencio es mortal, pero en un alarde de valentía y, por supuesto de mucho licor, Kike decide aceptar la apuesta. Se envuelve en su ruana y sale decidido a cumplir con lo pactado. Sus compañeros bromean entre ellos pensando que va a terminar en otro lado, pero Kike llega al cementerio encontrándolo cerrado. Se decepciona y cuando se va a ir, la puerta se abre sola. Entra y empieza a buscar la tumba indicada mientras sus compañeros empiezan a preocuparse por la demora en regresar.
